josé alejandro dulanto santini

miércoles 8 de julio de 2009

BLAKER

Cerro Azul, San Luis y San Vicente de Cañete son tres ciudades cosmopolitas en el sentido estricto de la palabra. Es que son lugares donde usted encuentra una mezcolanza de razas y culturas típica de los pueblos que han vivido una historia llena de inmigrantes, esclavos, piratas, traficantes y otros, los cuales unidos al elemento autóctono nos hacen recordar escenas de películas de Sandokán o Taipan. En efecto, en Cañete hay de todo. A los autóctonos paisanos del aguerrido Chuquimancu se les unieron por conquista los quechuas y algunos mitimaes del Imperio del Tahuantinsuyo. Luego el elemento español con los negros. Posteriormente, ya en la República, llegaron los chinos coolíes y los polinesios a reemplazar a los africanos. También inmigraron italianos, y, a fines del siglo XIX los japoneses. Por ello es común encontrar en Cañete un crisol de razas. Prácticamente no falta sino la etnia aceitunada o hindú para tener a toda la raza humana representada en esta comarca. Se acoplaron rápidamente y a la postre han resultado con una sola convicción… ser cañetanos, actuando en las diversas actividades que se han desarrollado en nuestra tierra. Por ejemplo, una de las familias japonesas más representativas de San Vicente de Cañete fueron los Shimabukuro. Con dos de ellos estudié en el Colegio Alfonso Ugarte entre los años 1967 y 1972. Sus nombres, Miguel y Ernesto. Miguel tenía atisbos de poeta. Recuerdo que en una revista hecha a punta de stensil por nuestra maestra María Salazar Ramos, llamada “Lírica Ugartina”, Miguel Shimabukuro, entonces en cuarto año de primaria, publicó un poema “A Alfonso Ugarte” que se expresaba:
A Alfonso Ugarte, héroe inmortal
tú moriste en Arica
defendiendo la Bandera
con valentía y con afán.
.-.
Pero tú no has muerto
porque nosotros te recordamos
con cariño y veneración
y en este día glorioso,
te ofrezco mi corazón.

En cuanto a Ernesto, éste era más bien travieso, aunque sin llegar a la fama de los Chinos Lock. La familia Shimabukuro tenía por esos años un restaurante en la calle San Agustín, la calle más antigua de San Vicente, y que era entonces el emporio comercial de la ciudad. La fonda, de nombre Restaurante Central, era muy concurrida, quizás por la especial sazón que la mamá de Miguel y Ernesto ponía al cocinar. Allí se alimentaban todos los campesinos que llegaban a la urbe, y todos los comerciantes de la ciudad, pero también algunas familias citadinas que no habían tenido tiempo de cocinar por una u otra razón. Los ingresos de los Shimabukuro eran pues muy grandes, ya que la clientela pagaba puntualmente sus pedidos. Sin embargo tenían también la generosidad de alimentar gratuitamente a personajes indigentes pero queridos de Cañete como los negros Angelito Cueto y Blaker. Angelito Cueto era el negro mimado de San Vicente por ser muy servicial y participar como integrante ad honoren de la Banda de San Luis, cuando ésta acompañaba en noviembre a la Procesión del Señor de los Milagros. Con sus dos palitos iba marcando el compás, mientras que de su garganta brotaba el recordado “toto chín, tototototototochin, chin chin”. Era todo un espectáculo verlo y por eso se le recuerda con cariño. Angelito Cueto terminaba sus faenas diarias muy cansado, y a veces se quedaba dormido a las diez de la noche en la Plaza de Armas, cuando se suponía que ya todo en la ciudad era sosiego y tranquilidad, salvo la vez en que los Chinos Lock colocaron un cuete debajo de la banca en que estaba descansando, cuete que al explosionar hizo que el negro Angelito saltara por los aires. Los chinos Lock rieron a mandíbula batiente con esta travesura, mientras que el pobre Angelito temblaba de ira. Pero Angelito Cueto se vengó de ellos tiempo más tarde, cuando un día Raúl no quería ir al colegio y su padre Máximo contrató a Angelito para que lo amarrara a su carretilla y así amarrado lo llevara al Alfonso Ugarte. El otro negro, Blaker, al contrario, era un negro loco de San Luis que solía escaparse de su pueblo para recalar a San Vicente donde buscaba a Angelito. El par de negros continuamente se peleaba, pero por lo demás eran pacíficos. Salvo excepciones. Blaker, junto con Angelito eran comensales asiduos, honoríficos y gratuitos del Restaurante Central. La mamá de Ernesto Y Miguel no era mezquina y no paraba mientes en atenderlos sin costo alguno. Eso sí, debían esperar a que el establecimiento no estuviese copado de comensales. Esto lo entendían los dos negros y mientras esperaban que se desocupara el comedor mataban el tiempo conversando con el Che Coco en el puesto de revistas y periódicos que éste tenía allí cerca. Pero un día que no estaba Angelito Cueto su compañero Blaker se desesperó. Sintió una súbita angustia, la misma que le abrió el apetito, y sin esperar a que sea la hora se dirigió al Restaurante de los Shimabukuro a pedir su comida. Armó todo un escándalo, lo cual alarmó a los dueños del local y a los parroquianos. Demás estuvo que se le pidiera que esperara a que se desocupe el restaurante. Blaker no entendía razones. El tenía hambre y quería comer, entonces tenían que darle de comer. Así de simple era su razocinio, su requerimiento natural que no se permitía otro tipo de reflexiones. A la sazón se encontraba en el restaurante el teniente Lira, un joven oficial de la Guardia Civil, quien al ver tanto bolondrón se acercó a Blaker y le increpó por el escándalo. El negro, que tenía una corpulencia tipo King Kong, con un solo manotazo lanzó al teniente Lira a tres metros de distancia, cayendo éste de una manera poco digna para quien vestía tan glorioso uniforme. Avergonzado, el oficial se alejó raudo del restaurante y se dirigió al puesto de la Guardia Civil, lugar en donde encontró al sargento García que dormía la siesta. “¡Sargento García!”, bramó. “Si mi Teniente”, se apersonó aquél. “Vaya usted al restaurante de los Shimabukuro y me trae de las mechas a un negro borracho que está por allí cabiendo escándalo”, ordenó. Ni corto ni perezoso García enrumbó hacia el restaurante central en busca de “ese negro borracho” que no lo dejaba dormir la siesta. Pero al único que encontró fue a Blaker, el cual continuaba armando laberinto en el restaurante. “Ay Blaker”, pensó García quien conocía la debilidad mental del moreno, “así que tu eres el negro borracho”. Con mucho tino se acercó al susodicho y con suavidad le dijo: “Blaker, ¿quieres hacerme un trabajo?”, “sí sargento” espetó el requerido. “Mira en la comisaría hay un cuarto que está sucio, anda a barrerlo y yo te pagaré por ello”. Hecho el trato García regresó al puesto, dejando muy atrás a Blaker. Al llegar a la Comisaría el Teniente Lira le reclamó a García: “oiga usted ¿donde está el negro borracho?”. “Ya viene mi teniente”, fue la contestación que recibió. “Como que ya viene, usted es un cobarde que no ha querido traerlo por miedo”, gritó el oficial, cuando en verdad el cobarde había sido él. Al escuchar los gritos se acercó el Comisario, el cual inquiriendo se aprestó a sancionar a García, cuando en eso apareció el negro Blaker diciendo “Sargento, vengo a limpiar el cuarto”. Al ver a Blaker el Comisario, que conocía a Blaker, se mató de risa, y al tiempo que felicitaba a García por su ingenio, amonestó al Teniente Lira pues era evidente que éste había actuado de manera pusilánime. Vale más la inteligencia que la violencia, señores gobernantes. En Bagua se necesitaron muchos sargentos García, no presidentes García.

jueves 30 de abril de 2009

MIRIAM JUDITH
(21.04.2009)

Que lindo se ve el cielo
cuando se refleja en tu pelo,
es clara el agua que brota
a raudales de tu hermosa boca.

Mi pecho hierve con dolor
cuando tu te aproximas
ese es mi galopante amor
que quiere soltar sus rimas.

Entregándote de ese modo
de mi vida, todo, todo
para que hagas con ella
Miriam Judith lo que quieras.

Moza enhiesta y risueña
hija de Venus en el planeta
mi alma por ti se empeña
en amar, eh allí mi meta.

jueves 2 de abril de 2009

Cañete cuna de la cultura americana

CAÑETE CUNA DE LA CULTURA AMERICANA

Según Engels la cultura nace cuando el hombre acciona sobre la naturaleza, cuando ejerce el primer acto de desarrollo sobre la misma, cumpliendo de ésta manera con el encargo que el Creador le diera en el Génesis “Creced y multiplicaos y llenad la Tierra.” Ello implica pues que por orden de nuestro Divino Hacedor debemos desarrollarla. Y al desarrollarla se hace cultura. La primera expresión cultural fue, indudablemente, la agricultura. Ahora, en Chilca el hombre empezó a cultivar la tierra desde hace 8 000 años. Fue la primera tierra labrada por el hombre en América. Entonces Cañete es la cuna de la cultura en América. Y como cuna de la cultura siempre ha estado desarrollándola. Luego del Hombre de Chilca aparece en nuestra provincia al expansión Chavín, después la cultura Tiahuanaco y seguidamente el Imperio Wari. Destruido Wari los reinos de esta comarca se independizaron y sólo volvieron a unificarse, o ponerse bajo una misma bandera, cuando las huestes de Pachacútec la amenazaron. Vencedor el Inca, con engaños no con la fuerza, no pudo sin embargo dominar mucho tiempo estos lares, pues a menos de setenta años de la invasión Quechua llegaron los españoles. Y con ellos llegaron los escritores, Y los escritores hicieron lo que siempre saben hacer, escribir libros. Y tres de ellos, en aquellas aurorales épocas del auge español escribieron sobre Cañete. Pedro Cieza de León, Gracilazo de la Vega y Guillermo Prescott. El Virreinato sirvió también para que desde estas tierras se crearan los picantes más tradicionales de la costa central peruana: la tuca, el chilcano, el cau cau, los anticuchos, la fritanguita, la chanfainita, la carapulcra y otros potajes creados por la mano negra cañetana. Incluso una negra de San Luis, Josefa Marranillo, inventó el turrón de Doña Pepa, como un homenaje al Señor de los Milagros por un favor concedido. También en el Virreinato se escenifica en Cañete el Combate Naval más grande sucedido en la costa occidental sudamericana, el Combate de Cerro Azul de 1615 entre los españoles y los holandeses. En la época de la emancipación se afincan en estos lares don Hipólito Unanue y don Bernardo O’higgins. Unanue en sus obras sobre el clima de Lima se refiere a Cañete. Luego, ya en la república el aporte italiano llega a la forma de vivir en Cañete. Los hermanos Paz Soldán, en especial Pedro Paz Soldán y Unanue, conocido como Juan de Arona. Llegan los chinos y con ellos se inventa en Cañete el Chifa con su primera expresión en el Lomo Saltado. Manuel Gonzáles Prada en Mala escribe sus “Pájinas Libres”. Los japoneses se afincan a fines del siglo XIX. En el siglo XX los Zuleta. Mi tío Juan Dulanto Baltiérrez. Más tarde, en los sesentas, Luciano Correa Pereira irrumpe como historiador y arqueólogo. Enrique Verástegui, el vate dueño de la Hora Cero. Antonio Ruiz Tovar con “El Chirote”. Caitro Soto de la Colina llega con su “Toro Mata” “Cantando a Cañete”. Además Ronaldo Campos crea e impulsa Perú Negro. Jonny Al nos dice que “Todos somos hermanos”, y Joao canta “Molino al Viento”. También cantan Martha Panchano y Ana Baglieto. Luz Marina y Aurora Alcalá nos representan en la música criolla. Román Fernández y Pedro Flores crean Cañete Negro. En 1971 Alfredo de Toro Moreno convoca al Primer Festival de Arte Negro. Juan Luyo Sánchez publica “Cañete en cifras”. En el plano de la Iglesia, se escenifican La Pasión de Cañete y la Navidad. El padre Esteban Puig fue el autor del libreto. Otros sacerdotes escriben: Enrique Pelach y su catecismo, y don Antonio Ducay Vela con su “La Gente Pregunta”. San José María Escrivá de Balaguer y Albás visita Cañete. Es la época de oro del teatro escolar cañetano, con las veladas literarias musicales de los colegios Santa Rita de Casia, Sepúlveda y Alfonso Ugarte. En los ochenta sale de su escondite Álvaro Morales Charún. Lo siguen Miguel Fernández Valencia, Emilio Viccina Bisso y Juan Carlos Guerrero. Susana Baca gana el Grammi. Pepe Dul lanza su “Ressaca” y “Caminando por Cañete” y con broche de oro Luis Quispe Cama “Grata Flor de María” y “Carocha”. Graban Arturito Júnior, Los Hijos de Cañete con Roberto Lázaro. Antuco López y Octavio Lara con la magia musical de Álvaro Morales Encalada y Lucho Castillo Luyo. Don Luis Quispe Cama presentó su novela Carocha en el Auditórium Garro Muñante el 28 de agosto de 2008, en ceremonia que contó con la participación del Alcalde de Cañete Javier Alvarado Gonzáles del Valle y del Consejero de la región Lima José Mosto Fonseca y de muchas personas del ámbito cultural cañetano, y en la cual él me dio el alto honor de dar el discurso analítico de la obra. Allí el Alcalde y el Consejero se comprometieron, cada uno por su lado, a apoyar con fuerza la cultura. Les tomamos la palabra. Si me olvido de otros actores de la cultura cañetana mil perdones.

domingo 29 de marzo de 2009

Luis Enrique García Rodríguez

LUIS ENRIQUE GARCÍA RODRÍGUEZ

Durante todo el día se había perifoneado, desde el Ford Lincoln de Máximo Lock, que en la noche se exhibiría en el Cine Teatro San Martín un peliculón. En las calles de San Vicente se había escuchado repetiodamente, “hoy, hoy, en el Cine Teatro San Martín, Topol en El Violinista en el Tejado”. Esta obra maestra del Cine Búlgaro llegaba por fin a Cañete después de haber batido records de taquilla en New York, París, Londres y Lima, así que todos los sanvicentinos, chicos y grandes, viejos y jóvenes, adultos y niños, ricos y pobres, nos aprestamos a presenciarla sobre el ecran. La película se iba a exhibir en una sola función, ya que era largo metraje, con intermedio de cinco minutos y todo eso, así que había que estar temprano, para gozarla en vermut, ya que no iba a ver función de noche. Premunido de todo lo necesario para gozar del espectáculo (chicle, cigarrillos y caramelos, como diría Miky Gonzales) me aveciné al Cine Teatro San Martín. Había mucha gente tratando de entrar y un desorden terrible que no se podía uno acercar a la ventanilla a sacar la entrada. El caos era total, la muchedumbre se agolpaba en el hall de entrada al cine y también en las afueras, en plena Plaza San Martín y calle 2 de Mayo. Se confundían las colas de los que iban a platea con los que iban a galería. Para mezanine no se hacía cola pues a ella se llegaba vía la platea. Pero había que sortear la platea primero. Codazos, roces, insultos, maldiciones, sudores, robos, olores, todo se compartía al ingresar a dicha multitud, lo que obligó al administrador del Cine a llamar a la policía. Ja, ja, ja, ni caso que le hacían a la policía. Los tombos se veían incapaces de controlar esa multitud. Mas, de pronto una ágil figura cruzó la Plaza desde la Comisaría, venía blandiendo su vara cual jinete de Atila. Todos nos llenamos de terror y nos aprestamos a recibir el golpe. “Ay, que allí viene García”, se escuchaba por doquier. En efecto, era el guardia García, prominente miembro de la Benemérita Guardia Civil del Perú que en aquellos años (fines de los sesenta y principios de los setenta) aún se mantenía en actividad. El guardia García era más eficaz que todos sus compañeros de armas juntos. Cual vendabal, y repartiendo varazos a diestra y siniestra, puso orden en menos de lo que canta un gallo, y de aquella caótica multitud sólo quedó el recuerdo, vislumbrándose más bien dos ordenadas colas para comprar las entradas, sea a platea o sea a galería. Claro que para lograr ese orden a todos nos había caído más de un varazo. García metía palo a quien sea, incluso si sus hijas estaban en la multitud también recibían los golpes. Bueno, no exageremos, los palos los daba solamente en las piernas, nunca en la cabeza. Es que no éramos malandrines sino sólo unos sanos sanvicentinos que armaban barullo para entrar al cine.

Este recuerdo de las intervenciones del guardia García aún se mantiene en nuestras mentes, pero el guardia García era más que eso, era un buen policía, es un buen padre, es un buen marido, y sobre todo...un hombre.

Luis Enrique García Rodríguez como policía descolló más allá de lo que su deber le exigía. La población le tenía un gran respeto, pues a sus dotes profesionales unía una gran sensibilidad humana. El equilibrio en un profesional. No se trata del maniqueísmo que impide ser severo cuando se debe ser severo. De lo que se trata es de aplicar misericordia con el que lo necesita. Y el guardia García (por si acaso digo guardia García con mucho respeto y cariño pues así lo denominábamos en mi niñez, adolescencia y juventud) sabía ser misericordioso con quien lo necesitaba. Cuantos niños que circunstancialmente caían por las instalaciones de la Guardía Civil gozaron de su hospitalidad. A ellos los alimentaba de su peculio, y en muchas ocasiones obsequiaba con ropa y útiles de estudio. Quizás sólo por esto don Luis Enrique García Rodríguez ya tiene ganado el Cielo. Por que todos los pecados y faltas se borran cuando uno es misericordioso. Caridad señores gobernantes, caridad.

El guardia García tenía en su casa una reina, y tres princesas, así que no tenía necesidad de buscarse otras princesas en la calle, como hacen muchos idiotas. Entregado completamente a ellas se levantaba bien temprano para preparara a sus princesas el desayuno, mientras que la reina descansaba unos pocos minutos más. Despachadas las niñas al colegio daba la posta de la casa a la reina, mientras que él iba a la Comisaría a cumplir sus deberes como policía de la Benemérita Guardia Civil del Perú.

Y es un hombre de palabra. Atrévase usted a invitarle un copa de pisco. Él le va a aceptar. Pero sólo una. No se atreva a insistirle con una segunda copa. Eso para él ya es faltar a la palabra. Usted quedó con él en una copa, no en dos, no se atreva a proponerle la segunda copa.

Presencia cañetana en el devenir constitucional del Perú

PRESENCIA CAÑETANA EN EL DEVENIR CONSTITUCIONAL DE PERÚ



Época preconstitucional.-

En el inicio de su existencia , el ser humano era nómada y solitario. En esas condiciones no existían más leyes que las que les daba la naturaleza; ejemplos :impulso a alimentarse, impulso a defenderse, impulso a reproducirse.

Pero la necesidad de garantizar la existencia de la raza humana hizo que se volviera, primero gregario y luego sedentario.

Entonces el Derecho Natural devino en insuficiente, y se hizo necesario que la colectividad humana se diera normas para garantizar el orden en una relación de mando y obediencia, naciendo el Estado, el Leviatán de Hobbes.

Más, las leyes que se dieron desde tiempos antiguos no seguían un sistema o plexo jurídico. Eran desordenadas, dictadas sin concierto, al mero arbitrio del gobernante que las sancionaba.

En dicha época jurídica preconstitucional las leyes no respetaban jerarquía alguna, y no significaban garantía para los derechos individuales del ser humano.

Nacimiento de las constituciones.-

En este marco jurídico social, Juan Sin Tierra asume el trono de Inglaterra, y para financiar sus caprichos decide gravar con mayores impuestos a sus súbditos, los cuales se rebelaron, se reunieron en asamblea, y lo hicieron firmar en 1215 la Carta Magna, primera constitución que apareció en el planeta.

En dicho documento quedaron fijados los derechos de la nobleza y los del poder real.

Aunque de manera limitada, en él se dieron por primera vez las dos características principales de toda constitución :

- la de ser una norma suprema, es decir que ninguna otra puede contradecirla, y
- la de ser una norma que fija los derechos irrenunciables del ser humano como individuo.

Con el transcurso de los años se agregarían otras características, como la de describir la estructura del Estado, las relaciones entre dichas estructuras, etc.

Constituciones peruanas.-

Nuestro país tuvo que esperar seiscientos años para ingresar al sistema constitucional.

En total Perú ha tenido catorce constituciones, además de otras leyes de igual rango que se han diseminado a través de toda nuestra historia.

De dichas constituciones, una pertenece al Virreinato, una a la Emancipación, y doce a la República.

La primera carta magna hecha pata Perú fue la otorgada el 18 de marzo de 1812, en Cádiz, España, por lo que se la denominó Constitución Gaditana. Esta Constitución pertenece al Virreinato.

En la Emancipación se otorgó la Constitución de 1823.

Pertenecen a la República las siguientes :

1826 o Constitución Vitalicia,

1828 denominada Madre de Nuestras Constituciones,

1834 Constitución Reformadora,

1836 Pacto de Tacna,

1839 Constitución de Huancayo,

1856 Constitución Liberal,

1860 Constitución Conservadora,

1867 Constitución de la revolución,

1920 Constitución del oncenio,

1933 Constitución nacionalista,

1979 Constitución social del mercado, y

1993 Constitución vigente.

Normas que en su momento adquirieron rango constitucional, entre otras :

1821 Estatuto Provisional de San Martín,

1822 Base de la Constitución,

1825 Otorgamiento de plenos poderes a Bolívar,

1919 Ley del Plebiscito de Reformas Constitucionales,

1970 Estatuto del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas.

Presencia cañetana en la elaboración de las constituciones.-

En ellas han participado, de diversas maneras, personas que han representado a nuestra provincia. Cañetanos de origen y cañetanos de corazón.

Constitución gaditana.-

Las Cortes de Cádiz, España, la dieron el 18 de marzo de 1812, en ausencia del Rey Fernando VII, cautivo de Napoleón I.

Todas las provincias del entonces Imperio Español fueron convocadas.

Perú era una de ellas y por ende envió a sus representantes. El más conspicuo de ellos fue nuestro conocido prócer de la independencia don Hipólito Unanue.

Sin embargo él no pudo participar del debate pues llegó a España cuando ya se había promulgado, e incluso dejado en suspenso por Fernando VII, “El Deseado”, quien acababa de retornar al poder.

Empero, pudo entrevistarse con el monarca, el cual incluso le ofreció títulos y tierras en la Península, lo que Unanue rechazó, aunque con la diplomacia que lo caracterizaba.

En el año 1816 regresó a Perú y decide retirarse de la vida pública. Es en esta época cuando parece adquiere propiedades en nuestra provincia y empieza el romance de don Hipólito Unanue Pavón con Cañete.

Su deseo de retirarse de la vida pública no pudo ser , y a la llegada de don José de San Martín es convocado por este para participar de su gobierno, a lo que no pudo negarse a pesar de su luenga edad, debido al inmenso amor que tenía a la patria.

Fue tan fructífera la labor de Unanue junto a San Martín, que pasados los años, cuando el Libertador vivía su auto destierro en Francia manifestó que el mejor apoyo en las dificultades políticas y en los devaneos de la campaña libertadora había sido el buen Unanue.

Pero la participación de éste ilustre ariqueño en la vida pública de Perú no terminó con el Gobierno de San Martín, continuó en la Constitución de 1823, y aún en el gobierno de Bolívar.

















Constitución de 1823.-

Desde 1816 encontramos a don Hipólito Unanue y Pavón afincado en el partido de Cañete, en sus predios denominados Gómez, Pepián y Cerro Blanco, decidido a no participar más de la vida política.

Pero la fuerza de los acontecimientos lo obligarían a dejar tal reposo.

Perú se encontraba en las postrimerías del Virreinato. La Constitución Gaditana había sido dejada de lado por Fernando VII, y los territorios españoles en América, al igual que la península, volvieron a regirse por la monarquía absoluta.

Dentro de este contexto, diversas ciudades de nuestro continente erigieron Juntas de Gobierno, fruto de las cuales se formaron las llamadas corrientes libertadoras del norte ( mandadas por Simón Bolívar ) y del sur (lideradas por José de San Martín ).

Fue José de San Martín el que llegó primero, desembarcando en Pisco, para luego enrumbar hacia Huaura, ordenando entretanto al General Álvarez de Arenales a efectuar la campaña de la sierra central.

El Santo de la Espada, como también se le conoce a José de San Martín, si bien representaba una reacción contra el absolutismo de Fernando VII, tenía como anhelo la instalación en territorio americano de una monarquía constitucional, sea con un representante de la Casa del Cuzco, o con uno de la Casa de Borbón.

Estas circunstancias resultaban favorables para que se efectuaran negociaciones entre realistas y patriotas.

A efectos de ello, se concertaron entrevistas entre representantes de ambos bandos.

Para una de ellas, efectuada en Miraflores entre el 24 y 30 de septiembre de 1820, y a petición del Virrey Joaquín de la Pezuela, participó como delegado de los realistas el prócer Unanue, siendo ésta la causa que lo obligó a desistirse de su alejamiento de la vida pública, por lo que tuvo que abandonar Cañete, lugar a cuya residencia fija no retornaría sino hasta 1826.

Aún cuando ambas delegaciones coincidían en la necesidad de la instauración de una monarquía en Perú, sin embargo existió un punto discrepante que hizo inviable toda negociación : el bando realista insistía en que la misma fuese absoluta y no constitucional, y que la Casa que debía gobernar fuera la de Borbón.

Las conversaciones, en las cuales participó Hipólito Unanue , no lograron ningún arreglo, y las hostilidades se reanudaron .

El Generalísimo José de San Martín decide entonces organizar un gobierno en la parte de Perú que se encontraba bajo ocupación del ejército patriota, y para tal efecto, el doce de febrero de 1821 sanciona en Huaura, el Reglamento Provisional.

Este Reglamento Provisional , con categoría constitucional, rigió solo para los siguientes partidos de Perú : Cercado de Trujillo, Lambayeque, Piura, Cajamarca, Huamachuco, Pataz y Chachapoyas, (autoproclamados independientes) los cuales formaron el departamento de Trujillo; Tarma, Jauja, Huancayo y Pasco ( liberados por Arenales) que formaron el departamento de Tarma ; Huaylas, Cajatambo, Conchucos, Huamalíes y Huánuco (asimilados) , que formaron el departamento de Huaylas ; y los de Santa, Chancay y Canta ( ocupación patriota) que formaron el departamento denominado de la Costa.

Tiempo más tarde , reemplazado Pezuela por La Serna, el contingente realista abandonó Lima, permitiendo el ingreso del Ejército de los Andes.

Ocupada Lima, José de San Martín decide efectuar la proclamación oficial de la Independencia, que de manera parcial habían efectuado ya algunos partidos del norte.

Previa a la proclama pública del 28 de julio de 1821, el día 15 del mismo mes y año Hipólito Unanue firmó, junto con José de San Martín el Acta de la Independencia.

Al firmar ésta, y asistir a la proclama pública, encontramos a Hipólito Unanue ya en el bando patriota, y muy ligado a José de San Martín.

El 3 de agosto de 1821 don Hipólito Unanue fue nombrado Ministro de Hacienda .

En tal condición, al día siguiente, participa de la creación de la provincia de Cañete, la cual , junto a las provincias de Yauyos, Lima , e Independencia, se asimilarían al departamento de la Costa., cambiándose la denominación de partidos por provincias.

Al crearse, la provincia de Cañete contaba con los siguientes distritos : Cañete, Chilca, Mala, Coayllo, Pacarán, Santo Domingo, Diego de Almagro, y Lunahuaná.

Para gobernar la nueva extensión, el ocho de octubre de 1821 , Hipólito Unanue firmó, junto con José de San Martín, Juan García del Río, y Bernardo Monteagudo, el Estatuto Provisional, segundo documento de nivel constitucional que rigió durante la emancipación.

Unanue ejerció como ministro de José de San Martín hasta el veintiuno de septiembre de 1822.

Luego se dedica a su trabajo como diputado por Puno en la Asamblea Constituyente de 1822, la cual presidió entre el 20 de septiembre de 1822 y el veinte de febrero de 1823.

Su elección como diputado por Puno fue delegada, debido a que dicho departamento aún se mantenía ocupado por las fuerzas del Virrey La Serna.

El doce de noviembre de 1823 se dio la llamada Constitución Inicial de Perú, o Constitución de la Emancipación.

En la versión utilizada para hacer esta nota, no encontramos representación directa de la provincia de Cañete ni de ninguna provincia de Perú.

Las representaciones en su promulgación sólo aparecen por departamentos, por lo que se hace difícil, al menos por el momento, poder identificar a la persona que representó a Cañete en la elaboración de dicha carta constitucional.

El único conocido que aparece es Hipólito Unanue, aunque , como ya escribimos líneas antes, representando al departamento de Puno.

En la elaboración de la Constitución de 1823 la posición de Unanue continuó siendo pro la monarquía constitucional, tesis que sin embargo fue derrotada, decidiéndose en mayoría por el sistema republicano.

Sin embargo, en esta Constitución la tesis llevada por Unanue no fue del todo desechada. Él quería una monarquía constitucional, es decir un monarca que ejerciera la Jefatura de Estado, y un primer ministro que ejerciera la Jefatura de Gobierno. La intención era la de evitar concentrar todo el poder en un solo órgano de gobierno, y de esa manera evitar la inestabilidad política.

La Asamblea Constituyente, si bien no aceptó tal propuesta optó por otra similar. Dividió la administración en cuatro poderes . Al Ejecutivo se le encargó la Jefatura de Gobierno, pero se reservó la Jefatura de Estado para el Poder Legislativo. Los otros dos poderes, electoral y judicial, no tenía representación alguna sino que cumplían las funciones específicas de elegir y de administrar justicia , respectivamente.

Más, ni la posición de Unanue, ni la de los Constituyentes de 1823 ( principalmente de José Faustino Sánchez Carrión , autor del proyecto ) prevalecieron, pues bajo la influencia de Simón Bolívar y luego en la época republicana ,las siguientes constituciones decidieron concentrar todo el Poder en un solo órgano, el Ejecutivo, que pasó, incluso desde antes de 1826 a tener la suma total de la Jefatura de Estado y la Jefatura de Gobierno.




















La Constitución de 1823 puso al descubierto una gran debilidad peruana: su americanismo. En efecto, en los artículos 17, 18 19, 20 y 21, se permitía el acceso a la ciudadanía peruana, con bastante facilidad, a personas nacidas en otras partes del territorio americano, e incluso del mundo, ya que los requisitos o respetos que se les ponían eran en verdad justificaciones que ayudaban a adquirirla. Por ejemplo se decía que eran ciudadanos los extranjeros casados (sin decir si debería ser con peruana) que tengan más de diez años de vecindad en cualquier lugar de la República y los solteros de más de quince, aunque no hayan obtenido carta de ciudadanía, conm tal de que sean fieles a la causa de la independica.

Dichos requisitos eran fácil de cumplir por cualquier extranjero de la parte meridional del nuevo mundo, pues había sido común, en el virreynato, que las familias sudamericanas, además de su domciilio en su lugar de origen, fijaran un domicilio para efectos legales en la capital del Virreynato más importante, es decir Lima, de tal manera que a 1823 casi todas las familias de Sudamérica podían exhibir un domciilio en Lima por más de diez o de quince años. La facilidad se agrandaba si tenemos en cuenta que no se exigía la carta de ciudadanía previa, es decir el haber tenido una carta de ciudadanía desde diez o quince años antes, bastaba sólo acreditar el domicilio en cualquier parte del territorio de Perú.

Ahora, hablar de territorio de Perú, para estos efectos, también era bien permisivo. El amable lector debe saber que, existían territorios fuera del ámbito del Virreynato de Perú que se consideraban peruanos por naturaleza. No solo me refiero al Alto Perú, sino al extremo sur de Chile, conocido como Chiloé, al norte de la actual Argentina (desde Tucumán se puede hablar del antiguo Perú), todo Ecuador y el sur de Colombia.

Por otra parte, se tenía en cuenta que, antes de 1808, todos los territorios del Imperio Español se consideraban una sola república. !823 menos 15 años daban 1808. Ergo todos los americanos que al inicio de la gesta emancipadora se encontraban radicados en la América Española también podían reclamar la ciudadanía peruana, y en muchos casos incluso pretender ser peruanos de nacimiento.

En la práctica pues, todos los nacidos en los antiguos territorios españoles en América podían reclamar ser peruanos, con tal de haber sido fieles a la causa de la independencia. De allí pues que ostentaran la ciudadanía peruana no sólo hombres preclaros que amaban a Perú, como José de San Martín, Bernardo O’higgins, José de la Mar y Andrés de Santa Cruz, sino incluso otros que más tarde hicieron daño a nuestra patria, léase Simón Bolvar y Diego Portales.

La historia de éste último es en verdad de Ripley, pues aunque usted no lo crea, Diego Portales, enemigo acérrimo nuestro y visionario de la expansión chilena, ¡era ciudadano peruano!.

Diego Portales, comerciante en Santiago de Chile, participó en la gesta llamada Patria Vieja en el país del mapocho, ocurrida en 1808. Cuando Fernando de Abascal retornó el territorio de Chile a posesión española, él y otros fueron perseguidos. Liberados años más tarde por el Ejército de los Andes liderado por San Martín y O’higgins, Diego Portales continuó siendo perseguido, esta vez por Bernardo O’higgins. Entonces tuvo la feliz idea de emigrar a Perú. Llegado a nuestra patria gozó en su momento de los beneficios de nuestra Constitución de 1823 y fue considerado un peruano por nacimiento.

En Lima, lugar donde se afincó, Diego Portales pudo comprobar además otra cosa, que en nuestro país no se decía ¡Viva el Perú! sino ¡Viva la patria!. Además de ello conoció de nuestra debidlidad por el caudillismo, cosa que, adevertida también por San Martín, Bolívar, y más tarde Santa Cruz, nos condujo al tremendo desorden que ha guiado nuestra vida republicana.

Diego Portales estudió muy bien esas falacias y cuando retornó a Chile puso en marcha un plan de cinco puntos: a) desterrar el caudillismo haciendo que Chile olvide a Berbnardo O’higgins, b) fortalecer el Estado, c) definir al chileno, d) proscribir el ¡viva la patria!, y e) expandir Chile.

El primer punto tuvo necesariamente un mártir. Como ya hemos dicho, Portales había notado que en el continente americano los pueblos eran proclives al caudillismo, y entre esos pueblos el más caudillista era Perú. Él no quería eso para Chile y entonces entendió que debería mandar al ostracismo al más insigne de los chilenos y al único que podía ser caudillo allá, es decir a Bernardo O’higgins. Bernardo O’higgins tomó desde entonces domicilio en Lima, en el Jirón de la Unión, y vivió en las tierras que el gobierno peruano le entregó en San Vicente de Cañete, la antigua Hacienda Montalván, conocida hoy como Tercer Mundo. Bernardo O’higgins dejó descendencia en nuestra provincia, la misma que en la actualidad aún convive con nosotros.

La segunda medida fue fortalecer el Estado de Chile. Para ello propuso, y logró, que la Presidencia de la República de Chile durara diez años, al margen de los avatares propios de un gobierno. “Que caigan los ministros mas no el Presidente de la República”, decía Portales. Y así fue que durante todo el siglo XIX y gran parte del siglo XX Chile no ha tenido problemas de golpes de estado gracias a esta separación de las funciones de estado y de gobierno que los otros países latinoamericanos no han entendido. Eso sí, el Presidente de la República tenía que ser un “Joli Homme”, alto y de ojos claros y con una cultura y trato social exquisito. Era un rey intocable. Cosa curiosa, Diego Portales, fiel a su doctrina, nunca fue presidente de Chile. Siempre trabajó como ministro o asesor.

En tercer lugar definió al chileno de una manera bien loclaista, buscando la unidad nacional. Si en Perú se decía que “ son peruanos todos los nacidos en América” en Chile se decía “son chilenos todos los nacidos en Chile” . Ese chauvinismo tuvo como consecuencia el actual etnocentrismo chileno. Para ellos no hay nada mejor que Chile y los chilenos. Sino el amable lector oiga las barras de los mapochos cuando juega su selección de futbol, “chileno, chileno, chileno”, repiten. O en su caso “chilena, chilena, chilena”.

Cuarto: a aprtir de Diego Portales el saludo militar, cívico y escolar fue ¡Viva Chile!, nunca más el ¡Viva la patria! Que nos endilgó José de San Martín cuando proclamó nuestra indpendencia el 28 de julio de 1821. El mensaje era claro, Chile se quería diferenciar del resto de América.

Finalmente, Diego Portales fue el artífice del expansionismo chileno. Él decía que Chile debía avanzar hacia el norte y debilitar a Perú, pues si no lo hacía corría el riesgo de convertirse en un vasallo económico de nuestra patria. Dicha doctrina justificó años más tarde la intervención en la Confederación Perú Boliviana, la Guerra del Pacífico con la conquista de Antofagasta, Tarapacá y Tacna, la conqista de la Araucania y del Chiloé descuidada por los peruanos, su incursión en la Antártida y la anexión de las islas de Pascua y Juan Fernández. Dicha doctrina también justifica su tácita alianza con Ecuador, y la actual persistencia de cercenar nuestro mar en el sur aplicando una línea paralela a sus costas y no la equidistante que señala el Derecho Internacional Marítimo. El único territorio al que renunció Chile fue a la Patagonia, mucho más extensa que Antofagasta, Tarapacá y Tacna juntos, quizás porque pensaban que dicho territorio no era rico, lo que se ha desvirtuado en la actualidad con la gran riqueza turística que en esa zona tiene Argentina. A este país lo único que le luchó fue Beagle, lo que ganó y a la larga le significó su salida al Océano Atlántico.

Toda esta doctrina la creó Diego Portales de la experiencia que obtuvo mientras vivió en nuestro país. Y tenemos la paradoja que, gracias a nuestros constitucionales de principios de la República, el principal enemigo de Perú ¡era peruano!.

La gran víctima de Diego Portales fue Bernardo O’higgins, nuestro “paisano” cañetano, que da nombre a una calle y una plazuela en San Vicente de Cañete, cuyos descendientes cohabitan aún con nosotros.

Don Bernardo O’higgins pasó los últimos días de su existencia entre Cañete y su casa del Jirón de la Unión en la ciudad de Lima. Murió en 1842.

Y si bien su historia terminó en el Jirón de la Unión , lo curioso es que es en esa vía donde empieza la historia de los O’higgins en el Perú. Y empieza también con relación a Cañete.

Ricardo Palma da cuenta en sus “Tradiciones Peruanas”, una llamada “De menos hizo Dios a Cañete”, que tiene la galanura de reconocer no ser suya sino del escritor Perpetuo Antañón , quien la había publicado en “El Peruano Ilustrado”. Añadió también que la verdadera fuente de la historia se encuentra en “The trips – Twenty years residence in South America” de Stevenson, secretario de Lord Cochrane.

Según ella, en el segundo tercio del siglo XVIII, entre 1750 y 1755, habían en Lima dos mercanchifles de sendos veinte años. Uno de ellos era conocido como Ambrosio “El Inglés” y el otro como Juanito “El montañés”. Al principio los dos vendedores callejeros se hicieron la competencia, pero años más tarde se unieron en sociedad y desde entonces empezaron a prosperar, lo que les despertó la codicia de dejar de ser ambulantes y poner una tienda. Y con la tienda llegaron también los impuestos y las deudas y un día quebraron.

En esa época el deber dinero significaba ir a la cárcel, por lo que decidieron fugarse de Lima.

Al despedirse se desearon ambos lo mejor, a pesar de lo endeudados y perseguidos que se encontraban.

- Sí, que Dios te de la mitra de arzobispo y para mi el bastón de Virrey – dijo con zumba el flemático Ambrosio.
- ¿Y porqué no? De menos hizo Dios a Cañete – concluyó Juanito.

La verdad es que Dios proveyó dichos deseos, pues el 6 de mayo de 1796 Ambrosio O’higgins entró a Lima como Virrey del Perú, mientras que era Arzobispo de dicha ciudad don Juan Domingo Gonzáles de la Reguera, los antiguos vendedores ambulantes del actual Jirón de la Unión.

Pero antes de asumir el Virreinato del Perú, y desde su despedida de Juanito en el Jirón de la Unión de Lima, Ambrosio O’higgins se dirigió a Chile, donde se ligó con el aparato militar y de gobierno, haciendo una carrera tan brillante que en 1789 fue nombrado Capitán General del Reino de Chile y Presidente de la Real Audiencia de Santiago.

El 20 de agosto de 1778 había nacido su hijo, Bernardo O’higgins Riquelme.

Años más tarde, en 1776 fue nombrado Virrey del Perú, el cual gobernó hasta el 18.03.1801, fecha en que falleció a la edad de 80 años.

Su hijo, Bernardo O’higgins Riquelme, no fue reconocido como hijo legítimo, sino solo como hijo natural. Mas fue éste el que lo trascendió en al gloria.

En efecto, hijo natural de Ambrosio O’higgins fue por lo demás su único hijo. Tuvo como medias hermanas a doña Rosa Rodríguez Riquelme y a doña Nievecita Puga Riquelme, siendo los tres hijos de doña Isabel Riquelme. La relación de Bernardo con su padre y con la familia paterna nunca fue fructífera.

Bernardo estudió en Talca (Chile), Lima y Londres.

En Londres conoció al prócer venezolano Francisco de Miranda.

Luego pasó a Cádiz (España) donde fortaleció sus ideas separatistas y de independencia.

A la muerte de su padre, en 1801, regresó a Chile a tomar posesión de la hacienda de Las Canteras.

En 1810 agita la provincia chilena de Concepción contra la dominación española. Junto a otros próceres chilenos logró establecer en Chile la llamada “Patria Vieja”.

Recuperado Chile por el Virrey del Perú, don Fernando de Abascal, emigra Bernardo O’higgins a Mendoza, Argentina, para unirse a don José de San Martín.

sábado 21 de marzo de 2009

Los Chinos Lock

LOS CHINOS LOCK

En 1966 Máximo Lock tenía un Ford Lincoln azúl marino, y tenía también un micro y un altoparlante tipo oreja. Premunido de ambos era contratado muy seguido para hacer la publicidad de los eventos culturales, arttísticos y sociales que se desarrollaban en San Vicente de Cañete. Era común que desde su carro se perifoneara “hoy, hoy, en el Cine Teatro San Martín, Kirt Douglas (por ejemplo) en Espartaco.

Tenía también, por aquella época, una tienda de muebles en la Plaza de Armas, en la calle Bolognesi, en los portales, a pocos metros de la puerta principal del edificio de la Municipalidad Provincial de Cañete. Esa tienda tenía la característica nomenclatura de las sociedades mercantiles antiguas “Máximo Lock e hijos” , lo que denotaba que se trataba de una sociedad colectiva pero familiar. La tienda servía tambioén de vivienda para su incipiente y ya numerosa familia.

Máximo tenía también una buena esposa, la señora Martha Carbonero.

Y tenía cinco hijos: Esther, y los cuatro varones Raúl, Víctor, David y Julio, conocidos en el ámbito de la Plaza de Armas como “Los Chino Lock”, flor y nata de los niños traviesos de aquellos años.

Se especializaron en trepar árboles, jugar en los jardines destrozando las flores, saltar las bancas del parque, romperle los brazos a las sirenas de la pileta y corretear por todo el perímetro. Literalmente la Plaza de Armas era suya. Los jardineros y policías municipales no se daban abasto para controlarlos, terminando por aceptar, estoicamente, que los pequeños diablillos eran incontrolables.

Fue tanta la desesperación, que siendo alcalde de Cañete don Alfredo de Toro Moreno, se convocó a una Sesión del Concejo Provincial de Cañete para tratar un sólo tema de agenda: que hacer con los chinos Lock. Debatieron, debatieron y debatieron y no pudieron llegar a ninguna solución. Simplemente tiraron la toalla y dejaron que el tiempo pudiera hacerlos cambiar.

Y en efecto, ellos cambiaron, pero de adolescentes, pues durante toda su infancia no dejaron de hacer travesuras.

¡Ah!, me estaba olvidando, de esas travesuras también participabamos Roberto “Dengue” Oré Carrillo, mi hermano José “Chueco” Dulanto Inohuye, y yo.

Un dís decidimos coimear al “Gordo Chinchano” que cuidaba las galerías del Cine Cañete, y asolapados nos sentamos calladitos a ver la emblemática película de Wan Yu titulada “El Espadachín Manco”. Era de las primeras películas chinas que veíamos y francamente que Wan Yu se convirtió en nuestrok héroe. Una persona que manajaba la espada con destreza, que daba unos saltos (mortales y no mortales) en verdad impactantes, y que tenía como cosa natural cortarle la cabeza a sus oponentes.

Demás está decir que a partir de esa fecha nuestros juegos fueron referentes al “Espadachín Manco”. Entonces las flores que adornaban los jardines de la Plaza de Armas pagaron pato. Todas ellas cayeron magulladas frente a nuestras espadas de palo, cual verdaderas cabezas destrozadas por florines y florinetes.

Aquí si que se armó la de San Quintín. Marimón y toda la cuadrilla de policías municipales recibieron la orden, urgente, del Alcalde De Toro Moreno, de salir en nuestra persecución y captura.

Nosotros emprendimos ráuda fuga y llegamos a refugiarnos en la casa de los abuelos de los Chinos Lock, en la tienda de sus nonos de la calle San Agustín. Pasamos por toda la vivienda, cuya parte que daba a la calle era una tienda, y recalamos en el corral.

Allí, lejos de los policías municipales, continuamos jugando al “Espadachín Manco”. Pero allí no habían flores a las cuales magullar, así que el juego se tornó un tanto aburrido. Jugabamos sin motivación.

¡Cuac! , seescuchó de pronto. Un pato despertó de su letargo y se hizo presente ante nuestros ojos. Nos miramos y todos a una comenzamos a desfogar nuestra furia de “Espadachín Manco” contra el indefenso palmípedo. ¡Cuanta crueldad puede haber en inocentes niños de menos de diez años!. No medíamos el sufrimiento ni el dolor que producíamos al pariente del “Pato Donald”. Duro con él.

El pato, todo golpeado se resistía a morir. Fue entonces cuando uno de los Chino Lock, creo que Víctor, divisó en la cocina de sus abuelos un machete y lo tomó como espada. Los otros agarraron al pato de las piernas y alas, inmovilizándolo. La cabeza del animal fue recostada contra un muñón de árbol y ¡zácate! , un machetazo en el cuello. El pato sacó fuerzas de no se sabe donde y se zafó, pero ya demasiado tarde, su cuello estaba semi cercenado, su cabeza ladeaba, y un gran chorro de sangre brotaba de la herida, salpicando por todo el corral.

El espectáculo era en verdad infame. Yo no recuerdo si habíamos medido las consecuencias de nuestros actos, lo que queda en mi memoria es que salimos corriendo de la casa yh regresamos a la Plaza de Armas. Era preferible enfrentarnos a los policías municipales que presenciar la agonía de la moribunda ave.

Pero no hubo enfrentamiento con los Policías Municipales. Éstos, que eran gordos y ya viejos, simplemente estaban jadeando, sentados en una de las bancas de la Plaza de Armas, cansados de tanto corretearnos. Asío que puidimos seguir jugando al “Espadachín Manco” y cercenando flores.

Esa tarde, en la casa de los abuelos de los Chinos Lock se comió arroz con pato. A mi me invitaron un plato. En la noche hicieron aguadito de pato.

lunes 2 de marzo de 2009

Discurso criminológico

josé alejandro dulanto santini






















DISCURSO CRIMINOLÓGICO
























TEMÁTICA

1.- Admonición.
2.- ¿Por qué el discurso?
3.- San Agustín.
4.- El big bang.
5.- La Tierra.
6.- El hombre.
7.- Reacción del hombre frente a la naturaleza.
8.- Gnoseología.
9.- División de la filosofía.
10.- Epistemología.
11.- Métodos.
12.- La Criminología.
13.- Períodos o evolución de la Criminología.
14.- La Escuela Positiva.
15.- El hombre delincuente.
16.- ¿Quiénes cometen delitos?
17.- Etiología del delito.
18.- División básica de la Criminología.
19.- Psicología criminal.
20.- Funciones psíquicas.
21.- Normalidad, psicopatía y esquizofrenia.
22.- Psicopatías.
23.- Psicopatías sexuales
24.- Antropología criminal.
25.- Biología criminal o biocriminología.
26.- Sociología criminal.
27.- La prostitución.
28.- El acoso sexual.
29.- El alcoholismo.
30.- La drogadicción.
31.- La educación.
32.- Penología
33.- Victimología.
34.- Bibliografía.